
- ¿Es necesario que las madres lactantes eliminen ciertos alimentos para evitar
traspasar alergias a sus bebés? Aunque hay muchos mitos al respecto, la ciencia
demuestra que, salvo casos puntuales, no existen razones para hacer restricciones
dietéticas durante la lactancia. La clave está en la observación, el equilibrio y la
buena información.
La lactancia materna es, sin duda, el alimento
perfecto para los primeros meses de vida. Sin embargo, con ella vienen también dudas:
“¿si yo como maní, mi bebé puede volverse alérgico? ¿Los gases del brócoli, traerán
cólicos infantiles?” Hoy desmontamos esos mitos con la ciencia como aliada.
La leche materna: un fluido vivo, no un filtro mágico
Lejos de ser un conducto transparente que traslada todo lo que la mamá
ingiere, la leche materna es un fluido dinámico. Su composición varía según la dieta, la
etapa de la lactancia e incluso la hora del día, pero las pequeñas proteínas alimentarias
que puedan llegar al bebé circulan en cantidades minúsculas. En la mayoría de los
casos, ¡ni siquiera se notan!
La Dra. María Teresa López, pediatra neonatóloga de Clínica INDISA, explica que
la leche materna es un órgano activo; adapta su perfil nutricional e inmunológico al
bebé, más allá de los alimentos específicos que la madre consuma.
Mito vs. realidad: ¿qué hay de cierto?

Un vistazo a lo que la ciencia nos dice
Tras una comida, fragmentos diminutos de proteína pueden filtrarse al calostro
y la leche madura. Sin embargo, son concentraciones tan bajas que solo en casos muy
sensibles provocan reacciones.
Varios estudios muestran que la exposición temprana y moderada a alérgenos,
a través de la leche, podría reforzar la tolerancia del sistema inmune infantil en lugar de
dañarlo. Si el bebé presenta síntomas claros (erupciones, vómitos, diarrea o sangre en
las heces) tras la toma, se debe investigar con un especialista. Pero sin evidencia de
síntomas, no hay razón para restringir una dieta variada.
¿Cuándo sospechar de una reacción?
● Llanto inconsolable o irritabilidad tras la toma.
● Erupciones cutáneas, eccema o congestión nasal.
● Vómitos, diarrea o sangre en las heces.
“Si aparecen estos síntomas de forma recurrente, lo más frecuente es que
correspondan a una alergia a la proteína de la leche de vaca. En esos casos, es
importante continuar con la lactancia materna, iniciar una dieta de restricción de
lácteos y sus derivados en la madre bajo indicación médica y consultar oportunamente
al pediatra, quien evaluará la necesidad de derivar al gastroenterólogo infantil ”, advierte
la Dra. López.
Recomendaciones prácticas
La pediatra neonatóloga de Clínica INDISA, Dra. María Teresa López, entrega
algunas recomendaciones para vivir la lactancia con tranquilidad:
● Mantener una alimentación variada y equilibrada, sin eliminar alimentos de
forma preventiva, salvo indicación médica.
● Mantener una buena hidratación durante toda la lactancia.
● Preferir alimentos cocidos y productos pasteurizados, especialmente durante los
primeros meses de vida del bebé.
● Moderar el consumo de café y chocolate, ya que la cafeína puede favorecer
irritabilidad o cólicos en algunos lactantes.
● Si el bebé tiene un diagnóstico confirmado de alergia a la proteína de la leche de
vaca, seguir la dieta indicada por el especialista sin suspender la lactancia
materna.
● Tomar suplementos únicamente cuando hayan sido indicados por el equipo de
salud.
“La lactancia materna debe vivirse con confianza. En la gran mayoría de los
casos no es necesario hacer restricciones alimentarias por temor a provocar alergias.
Cuando existe una condición específica, como una alergia a la proteína de la leche de
vaca, lo importante es consultar y realizar los ajustes necesarios sin suspender la
lactancia, para que el bebé siga recibiendo todos los beneficios nutricionales e
inmunológicos que entrega la leche materna”, concluye la especialista.
La mayoría de los mitos sobre la alimentación en lactancia no tienen sustento
científico. Mantener una dieta completa y balanceada, junto con una adecuada
hidratación, no solo cuida la salud de la madre, sino que también potencia los beneficios
de la lactancia. Ante síntomas claros y recurrentes, se aconseja investigar y, si es
necesario, ajustar la dieta, siempre bajo supervisión médica.



