Crecimiento infantil: las señales cotidianas que pueden alertar que un niño no está creciendo al ritmo esperado

● No cambiar de talla de ropa o calzado de un año a otro o comenzar a
quedar más bajo que sus compañeros pueden ser señales para consultar.
Especialistas enfatizan que más importante que una medición aislada es
observar cómo evoluciona el crecimiento en el tiempo.
● Crecer más lento de lo esperado puede estar asociado a múltiples causas,
desde condiciones nutricionales y enfermedades crónicas hasta
alteraciones hormonales. Por ello, el seguimiento periódico de peso y
talla constituye una herramienta clave para detectar oportunamente
posibles trastornos.
¿Cuánto debe crecer un niño cada año? Aunque la
estatura suele llamar la atención cuando un niño es considerablemente más bajo o más
alto que sus pares, desde el punto de vista médico una de las claves está en observar su
evolución en el tiempo. Mantener controles pediátricos periódicos y registrar peso y talla
en las curvas de crecimiento permite identificar cambios en la velocidad de crecimiento y
evaluar oportunamente sus posibles causas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) dispone de patrones internacionales que
permiten monitorear el crecimiento desde el nacimiento. Para niños de 0 a 5 años, éstos
consideran indicadores como longitud o talla para la edad, peso para la edad, peso para
la talla e índice de masa corporal para la edad. A partir de los 5 y hasta los 19 años, la
organización cuenta con referencias específicas para evaluar el crecimiento de niños y
adolescentes.
“Más que mirar una estatura de manera aislada, necesitamos observar la trayectoria del
niño en su curva de crecimiento. Un cambio en esa trayectoria puede ser una señal de
que debemos estudiar qué está ocurriendo”, explica la Dra. Verónica Mericq,
endocrinóloga infantil y Maestra de la Endocrinología Pediátrica Latinoamericana.
El ritmo de crecimiento cambia a lo largo de la infancia. Durante los primeros años suele
ser más acelerado y luego disminuye progresivamente, manteniéndose relativamente
estable durante la etapa escolar. Con la llegada de la pubertad, vuelve a producirse una
aceleración asociada al “estirón puberal”. Por eso, más que observar una medición
aislada, es importante evaluar cómo evoluciona el crecimiento de cada niño a lo largo del
tiempo, explica la especialista.
Cuando la ropa y los zapatos también entregan señales
Los controles pediátricos permiten comparar las mediciones de cada niño con sus
registros anteriores y observar si mantiene una evolución adecuada. De hecho, la OMS
no solo dispone de tablas de talla según edad, sino también de estándares de velocidad
de crecimiento durante los primeros dos años de vida, lo que refuerza la importancia de
evaluar la evolución y no únicamente una medición puntual.
Entre una consulta y otra también existen situaciones cotidianas que pueden llamar la
atención de madres, padres y cuidadores. No necesitar una nueva talla de ropa o calzado
durante un período prolongado, observar que el niño comienza progresivamente a
quedar más bajo que sus compañeros o advertir que prácticamente no ha cambiado de
estatura de un año a otro son algunas señales que justifican una consulta.
“Lo importante es no perder la vigilancia del crecimiento. Muchas veces los niños están
sanos y las familias consultan solamente frente a un problema específico, pero el control
periódico permite detectar cambios que de otra manera pueden pasar inadvertidos”,
señala la Dra. Mericq.
¿Qué puede haber detrás de un crecimiento más lento?
Una alteración en la curva no significa necesariamente que exista un problema
hormonal. El primer paso es determinar si hay otras condiciones que puedan estar
interfiriendo en el crecimiento.
Problemas nutricionales o de absorción, enfermedades respiratorias crónicas, patologías
gastrointestinales, cardíacas o hepáticas e incluso factores relacionados con la salud
mental pueden repercutir en el desarrollo infantil. Una vez descartadas estas causas, el
estudio puede avanzar hacia alteraciones endocrinas, entre ellas el hipotiroidismo o una
deficiencia de hormona de crecimiento.
“El crecimiento es un indicador muy sensible del estado general de salud. Cuando un
niño cambia su ritmo de crecimiento, debemos preguntarnos por qué y estudiar las
distintas causas posibles antes de pensar en un tratamiento”, explica la especialista.
La relevancia de las curvas de crecimiento radica precisamente en que permiten
comparar las mediciones del niño a lo largo del tiempo. Los estándares de la OMS fueron
desarrollados a partir de información de niños sanos de distintos orígenes geográficos y
culturales y buscan representar cómo crecen los niños menores de cinco años bajo
condiciones ambientales óptimas.
Lo mismo ocurre en la dirección contraria. Un crecimiento acelerado también puede
requerir evaluación, especialmente cuando aparece de manera repentina. Entre las
causas que deben descartarse se encuentra la pubertad precoz, ya que un desarrollo
anticipado puede acelerar inicialmente el crecimiento, pero también adelantar la
maduración y el cierre de los huesos, afectando la estatura adulta.
Dormir y hacer ejercicio también forman parte del crecimiento
La hormona de crecimiento no se libera de manera constante durante el día, sino
mediante distintos pulsos. Una parte importante de esta secreción ocurre durante las
primeras fases del sueño profundo y también está relacionada con la actividad física.
Por ello, mantener horarios adecuados de descanso y favorecer la actividad física son
parte de los hábitos que acompañan un desarrollo saludable. Sin embargo, la
especialista advierte que ningún hábito por sí solo reemplaza la evaluación médica
cuando existe una alteración objetiva en la curva de crecimiento.
El rol de la hormona de crecimiento en la infancia
Una de las principales confusiones en torno a la talla infantil es asumir que cualquier
niño más bajo que sus pares podría beneficiarse de un tratamiento hormonal. La
indicación, sin embargo, depende del diagnóstico.
Si el problema se relaciona, por ejemplo, con enfermedad celíaca o hipotiroidismo, el
tratamiento debe dirigirse a esa condición. La hormona de crecimiento está indicada en
diagnósticos específicos, como el déficit de esta hormona y determinadas condiciones
genéticas, entre ellas los síndromes de Turner, Noonan, Prader-Willi y alteraciones del
gen SHOX, además de otras indicaciones que deben ser evaluadas individualmente por el
especialista.
“La hormona de crecimiento no es un tratamiento para alcanzar una estatura deseada ni
debe utilizarse únicamente por razones sociales o estéticas. Cada indicación debe
responder a una evaluación médica y a una necesidad real del niño”, enfatiza la
endocrinóloga.
La especialista advierte que las expectativas sociales en torno a la estatura pueden llevar
a algunas familias a consultar buscando intervenciones incluso cuando el desarrollo se
encuentra dentro de parámetros normales. Frente a estas situaciones, el criterio debe
seguir siendo médico y centrarse en la salud y bienestar del paciente.
Crecer bien es más que alcanzar una determinada estatura
Más que comparar a un niño con sus compañeros o perseguir una talla determinada, el
llamado es a conocer y acompañar su propia trayectoria de crecimiento. Para ello,
madres, padres y cuidadores pueden solicitar en cada control que el peso y la talla sean
registrados en la curva correspondiente y consultar cuando observen un cambio
significativo en ese patrón.
“Cada niño tiene su propio potencial de crecimiento. Nuestro objetivo no es que todos
alcancen una determinada estatura, sino asegurarnos de que estén creciendo de acuerdo
con su potencial y que no exista una condición de salud interfiriendo en ese proceso”,
concluye la Dra. Mericq.
El seguimiento pediátrico periódico permite precisamente construir esa historia en el
tiempo. Porque, cuando se trata del desarrollo infantil, una de las preguntas más
importantes no es solamente cuánto mide un niño, sino cómo está creciendo.



