
Mucho más allá de los cosméticos, la salud de la piel depende de una combinación de buenos
hábitos que ayudan a preservar su función y retrasar los signos del envejecimiento.
La piel es el órgano más grande del cuerpo humano y
desempeña funciones esenciales, como proteger al organismo de los agentes externos, regular
la temperatura corporal y evitar la pérdida excesiva de agua. Con el paso de los años, la
producción de colágeno y elastina disminuye de forma natural, lo que hace que la piel se
vuelva más fina, seca y menos elástica.
Además del paso del tiempo, el estilo de vida también desempeña un papel clave en la salud y
el aspecto de la piel. Lo que comemos, cómo dormimos, cuánto nos movemos y la forma en
que manejamos el estrés tienen un impacto acumulativo sobre su salud.
“A partir de los 30 años, este proceso comienza a hacerse más evidente. Aunque el
envejecimiento es inevitable, algunos hábitos pueden ayudar a preservar la salud y la
apariencia de la piel durante más tiempo”, explica Laura Chacón-Garbato, Máster en Nutrición
Médica, esteticista licenciada con estudios de posgrado en The Dermal Institute, y miembro
del Consejo Consultor de Herbalife.
- Proteja la piel del sol todos los días: La exposición excesiva a la radiación ultravioleta se
considera el principal factor externo relacionado con el envejecimiento prematuro de la piel.
Además de favorecer la aparición de manchas y arrugas, acelera la degradación del colágeno y
aumenta el riesgo de cáncer de piel.
“Por eso, el uso diario de protector solar con FPS, incluso en los días nublados, sigue siendo una
de las recomendaciones más importantes de la dermatología”.
- Consuma suficiente proteína: La piel está compuesta principalmente por proteínas, como el
colágeno, la elastina y la queratina. Para producir y renovar estas estructuras, el organismo
necesita un aporte adecuado de proteínas y aminoácidos provenientes de la alimentación.
Además, una ingesta adecuada de proteínas es importante para la cicatrización y para
mantener la integridad de la barrera cutánea.
“No solo importa la cantidad de proteína, sino también cómo se distribuye su consumo a lo
largo del día. Incluir fuentes de proteína de alta calidad en cada comida ayuda a proporcionar
un aporte constante de aminoácidos, necesarios para la renovación de los tejidos, incluida la
piel”, destaca Laura.
- Priorice una alimentación rica en nutrientes: Ningún alimento por sí solo hace milagros por
la piel. Lo que realmente marca la diferencia es una alimentación variada, rica en frutas,
verduras, hortalizas, cereales integrales, frutos secos y fuentes de proteínas de calidad.
Vitaminas como la A y la C, además de minerales como el zinc y el cobre, participan en la
renovación celular, la síntesis de colágeno y la protección frente al estrés oxidativo, uno de los
procesos implicados en el envejecimiento de la piel.
Los antioxidantes también actúan como el sistema de defensa natural de la piel. “Por eso, una
alimentación rica en alimentos de colores variados aporta diferentes compuestos bioactivos
que ayudan a proteger las células del daño oxidativo provocado por factores como la contaminación, la radiación solar y el estrés”, señala Laura.
- Beba agua a lo largo del día: La hidratación también comienza desde el interior. Aunque el
agua, por sí sola, no elimina las arrugas ni sustituye el uso de hidratantes, mantener una
ingesta adecuada de líquidos contribuye al funcionamiento normal de la piel. Los estudios
muestran que las personas con un consumo habitual bajo de agua pueden presentar una
mejora en la hidratación cutánea al aumentar su ingesta de líquidos. “Frutas, verduras, sopas y
otros alimentos ricos en agua también contribuyen al consumo diario de líquidos”, añade.
- Cuide la salud intestinal: En los últimos años, las investigaciones han comenzado a estudiar
el llamado eje intestino-piel, que describe la comunicación entre la microbiota intestinal y la
salud cutánea.
Aunque este sigue siendo un campo en evolución, los estudios sugieren que una microbiota
equilibrada contribuye a modular los procesos inflamatorios y la respuesta inmunológica,
factores que pueden influir en enfermedades como el acné, la dermatitis atópica y la rosácea.
Una alimentación rica en fibra, frutas, verduras, hortalizas y cereales integrales favorece la
diversidad de la microbiota intestinal y beneficia la salud en general.
- Duerma bien: Durante el descanso, el organismo intensifica diversos procesos de reparación
y renovación celular.
Dormir poco o tener un sueño de mala calidad puede comprometer la función de la barrera
cutánea, aumentar los procesos inflamatorios y favorecer una apariencia más cansada de la
piel.
La calidad del descanso importa tanto como la cantidad. Dormir entre siete y nueve horas por
noche favorece los procesos naturales de reparación celular que ocurren mientras
descansamos.
- Mantenga una rutina básica de cuidado de la piel: Una rutina sencilla suele ser suficiente
para la mayoría de las personas.
Limpiar la piel diariamente ayuda a eliminar las impurezas y el exceso de grasa. Por su parte, el
uso de hidratantes contribuye a mantener la barrera cutánea y a reducir la pérdida de agua,
ayudando a conservar una piel más saludable, especialmente en personas con tendencia a la
resequedad.
“La constancia supera a la complejidad. Una rutina sencilla, realizada todos los días, suele
ofrecer mejores resultados que utilizar numerosos productos de forma esporádica”, explica la
especialista.
- Utilice suplementos cuando sea necesario: Los suplementos pueden ser aliados en
situaciones específicas, como cuando existe una deficiencia nutricional o por recomendación
de un profesional de la salud.
Entre ellos, los péptidos bioactivos de colágeno cuentan con la evidencia más consistente para
mejorar parámetros como la hidratación y la elasticidad de la piel. Aun así, no sustituyen
hábitos como una alimentación equilibrada, la protección solar y una rutina adecuada de
cuidado de la piel.
- Manténgase físicamente activo: Además de los beneficios para la salud cardiovascular y
metabólica, la práctica regular de actividad física favorece la circulación sanguínea en la piel y
ayuda a controlar los procesos inflamatorios sistémicos. Los estudios también sugieren que el
ejercicio puede contribuir a preservar la estructura y la función de la piel a medida que envejece. El ejercicio también ayuda a controlar el estrés. Reducir el estrés crónico puede contribuir indirectamente a la salud de la piel, ya que el exceso de cortisol se ha asociado con procesos inflamatorios que pueden afectar su apariencia y contribuir a la acelerada pérdida de colágeno.
“La salud de la piel no depende de soluciones rápidas, sino de hábitos consistentes. Cuando
combinamos una alimentación equilibrada, actividad física, descanso adecuado, hidratación y
protección solar, estamos creando un entorno que favorece el funcionamiento normal de la piel
desde el interior y el exterior. No se trata de buscar la perfección, sino de construir una rutina
sostenible que beneficie la salud a largo plazo“, concluye Laura.



