
Hay un momento del año escolar que pasa casi desapercibido, pero marca la diferencia. No es marzo, con su impulso inicial, ni diciembre, con la presión de los resultados. Es este punto intermedio —cuando ya no hay novedad— en que el ritmo se acelera y las primeras evaluaciones empiezan a ordenar el panorama.
Ahí muchos estudiantes entran en piloto automático. Cumplen, avanzan, responden. Pero no necesariamente con foco. Y ese pequeño desfase, que parece inofensivo, después cuesta caro.
Porque en enseñanza media el rendimiento no se juega en una prueba. Se construye todos los días. Las notas se acumulan, pesan y terminan abriendo o cerrando puertas. Mientras más se posterga el orden, más estrecho se vuelve el margen.
Es una idea que aún cuesta instalar: el acceso a la educación superior no comienza en cuarto medio. Empieza antes, cuando se forman hábitos y se aprende a estudiar con sentido. Esperar al final es, muchas veces, llegar tarde.
En ese contexto, cada vez más familias están tomando decisiones con anticipación, optando por iniciativas de acompañamiento académico que permiten reforzar ese proceso desde etapas tempranas. Un ejemplo de ello es el programa +NOTAS de CPECH que entre 2023 y 2024 creció un 30%, y al año siguiente duplicó su alcance, especialmente en la Región Metropolitana y el sur del país. Más que cifras, es una señal de cómo el apoyo deja de ser reactivo y pasa a ser parte de una planificación.
Por eso, más que exigencia, hoy deberíamos hablar de anticipación. Detectar brechas, ordenar el estudio y ajustar rutinas. No desde la presión, sino desde la estrategia. Cuando el foco se instala temprano, el camino se vuelve más claro.
Al final, lo que está en juego no es solo un promedio, sino la capacidad de proyectarse y llegar al último año con algo más valioso que la presión: tranquilidad.
Carolina Rojas Parraguez
Directora Académica
CPECH



