
Identificar esta anomalía durante los primeros meses de vida es vital para evitar riesgos de infertilidad y otras complicaciones en la adultez.
Durante las primeras revisiones del recién nacido, uno de los aspectos que los pediatras evalúan con mayor atención es el descenso de los testículos hacia el escroto. Esta condición, conocida como criptorquidia o mal descenso testicular, ocurre cuando uno o ambos testículos no logran completar su trayecto normal desde el abdomen, donde se forman durante la gestación, hasta su posición definitiva en la bolsa escrotal. Aunque para muchos padres este hallazgo puede ser motivo de preocupación, se trata de una de las anomalías genitales más comunes en la infancia y tiene una solución médica clara y efectiva.
La uróloga pediátrica de Clínica INDISA, Dra. Danielle Reyes, explica que “es fundamental que el testículo esté en el escroto porque este actúa como una zona con menor temperatura que el resto del cuerpo. Si el testículo permanece en el abdomen o en el canal inguinal, el calor corporal puede dañar las células que en el futuro producirán espermatozoides, afectando la capacidad reproductiva del niño o aumentar el riesgo de desarrollar tumores testiculares al llegar a su etapa adulta”.
Frecuencia y factores de riesgo en el recién nacido
La incidencia de esta condición está estrechamente ligada a la madurez del bebé al momento de nacer. Los estudios clínicos muestran una diferencia notable según las semanas de gestación:
- Cerca del 3% de los recién nacidos a término presentan un testículo no descendido.
- En el caso de los recién nacidos prematuros, esta cifra se eleva significativamente, afectando hasta al 30% de los nacimientos.
- En la mayoría de los casos, el descenso se completa de forma natural durante los primeros cuatro meses de vida, por lo que el monitoreo constante por el especialista es la primera línea de acción.
¿Por qué es preocupante que el testículo no baje?
Más allá de la estética, la ubicación correcta del testículo es un asunto de salud funcional y preventiva. Cuando el testículo no desciende, se expone a riesgos que pueden ser silenciosos pero persistentes si no se corrigen a tiempo. Entre las principales complicaciones se encuentran atrofia progresiva del testículo mal descendido con compromiso de la fertilidad si la alteración es bilateral, y en casos a largo plazo, una mayor probabilidad de desarrollar cáncer testicular en comparación con la población general.
“La intervención temprana no solo busca preservar la fertilidad, sino también facilitar el autoexamen en el futuro. Un testículo que está en su lugar es fácil de palpar, lo que permite detectar cualquier anomalía de forma precoz cuando el niño crezca”, enfatiza la especialista.
Señales de alerta para los padres
Aunque el diagnóstico formal lo realiza el especialista mediante la palpación clínica, los padres pueden notar ciertas señales durante el baño o el cambio de pañal que ameritan una consulta:
- La bolsa escrotal se ve plana o poco desarrollada en uno de sus lados.
- Al tacto, no se percibe la pequeña estructura ovalada dentro del escroto.
- El testículo parece aparecer y desaparecer (lo que podría tratarse de un ‘testículo retráctil’, una condición distinta que suele ser normal, pero que debe ser evaluada en forma seriada por el especialista porque en algunos casos puede evolucionar a una “criptorquidia adquirida” y requerir igualmente manejo quirúrgico).
¿Cuándo se considera necesaria una cirugía?
Si después de los seis meses de edad el testículo aún no ha descendido, las probabilidades de que lo haga por sí solo son mínimas. En este punto, el consenso médico internacional, respaldado por la Asociación Americana de Urología (AUA), sugiere que la cirugía correctiva debe realizarse idealmente entre los 6 y 12 meses de vida.
Este procedimiento, llamado orquidopexia, es una cirugía ambulatoria y de rápida recuperación. La Dra. Reyes comenta que “hoy en día realizamos intervenciones que permiten que el niño vuelva a su casa el mismo día. El objetivo es llevar el testículo al escroto y fijarlo allí para asegurar su correcto desarrollo térmico y biológico antes de que ocurran daños celulares irreversibles. Además, es fundamental que las familias no retrasen la cirugía por motivos de acceso, ya que mientras más oportunamente se realice, mejores son los resultados. En Clínica INDISA contamos con el beneficio de Copago $0 en más de 20 cirugías para pacientes con Isapre o Fonasa, de acuerdo con el porcentaje de cobertura de su previsión, lo que contribuye a que más niños puedan acceder al tratamiento dentro de los plazos recomendados”.
En Clínica INDISA contamos con un equipo de cirugía infantil y urología pediátrica líder en el país, con especialistas dedicados a brindar una atención integral y segura para los más pequeños, apoyando a las familias en cada paso del proceso quirúrgico y postoperatorio.



